Guillermo Cabrera Infante a proposito del ‘Viaje Literario por América Latina’


Una notte di vari anni fa, stavo navigando sulla Rete, come sto facendo ora. Mi capita di cercare materiale a proposito di Cabrera Infante – l’autore di Tre tristi tigri, di Vista del amanecer en el trópico, della Habana para un infante difunto, un mito vivente della letteratura ispanoamericana. Caín, per stare allo pseudonimo con cui firmava un tempo critiche cinematografiche. Caín, me me, è l’opposto di Gabo, Gabriel García Márquez. Come Gabo ha tradito la fiducia, ha ceduto alle lusinghe del mercato, Caín è rimasto fedele a se stesso, cessando di scrivere quando non aveva nulla da dire. Fedele al suo mondo: la Cuba possibile se la rivoluzione castrista avesse mantenuto le promesse. Di questa opinione ben sa chi ha letto il Viaggio letterario. Anche se lì non parlo molto di Caín. Lo uso solo solo come contraltare di Gabo. A Caín, invece, è dedicato un capitolo nel libro ancora inedito, il seguito del Viaggio letterario, che da lunghi anni sono lì lì per concludere.
Così, quella notte navigavo en pos de Caín, cercando sue tracce. Mi imbatto in una sua intervista apparsa sul Espectador, guada caso il quotidiano di Bogotá sul qual scriveva un tempo Gabo, quando era giornalista. Inizio a leggere. Qualsiasi cosa di Caín mi interessa. Ma quale sorpresa, quale emozione quando scopro che Caín ha letto il mio saggio, e ne parla.
Chiede l’intervistatore: “C’è una nebbia che avvolge il mercato editoriale, scrittori e editori, gusti prefabbricati… Cosa le interessa di quello che si pubblica attualmente?”
E Caín risponde: “Ma guardi, ci sono alcuni libri interessanti”. Ne cita tre, il terzo è il mio Viaje. Lo presenta in poche parole, ma lusinghiere, con il suo tipico stile fatto di giochi di parole. Nessun altro riconoscimento vale tanto per me. Dice. “Il Viaggio letterario in America Latina, di Francesco Varanini, non fa sconti alla critica più compiacente e al contempo scommette sul romanzo speciale, non un libro all’anno con forme come formule.”
Di seguito, trovate l’intervista.

Puro Cabrera Infante
Humo y salmón
El Espectador, Bogotá, Miércoles 27 de junio de 2001.

Cabrera Infante, de cuyo nombre sí queremos acordarnos: Guillermo es hoy y pasado mañana el escritor cubano vivo mas importante. Como no le ha podido dar golpe de estado a Fidel Castro, entonces se lo ha dado a las letras con su original estilo, originalidad , genialidad y genitalidad, ya que sus escritos siempre sabrosos, causan en no pocos escozor y rasquiña. Siempre tiene algo que decir y por decir. Se podría añadir con Groucho Marx, uno de sus admirados, que comenzó a escribir a muy temprana edad y que no ha dejado de hacerlo. Ahora en Londres, o en España o en cualquier lugar, sus comentarios nos dejan fuera de lugar. Le debíamos este homenaje. El premio Cervantes, que le fue concedido en 1997, y la aparición en español este año de su esperado Puro Humo hacen que le paguemos la deuda al contado y no en cómodas cuotas. The end.

Usted está enviando señales de humo en una época de “maccarthismo” contra los fumadores: prohibiciones de fumar en sitios públicos, en aviones, en salas de redacción. Como Lewis Carroll, ¿usted también es un contradictorio?
Inventé esta categoría racial, tribal para mis personajes en Tres Tristes Tigres, pero me reservé el copyright para mí –que en Cuba era una ci- devant marca de maquillaje.

Aunque más que merecido, ¿por qué cree que le dieron el Cervantes a usted, no siendo en el sentido ortodoxo del término un purista del lenguaje, maestro de los neologismos, que usa muchos términos en inglés en sus textos?
Cervantes, entre otras cosas, trasladó el cuento renacentista italiano a una España barroca y lo llamó novela ejemplar y creó un género híbrido, la novella, mitad historia, mitad novela –ejemplares ambas.

Después de más de 20 años quisiéramos saber si los Cuerpos Divinos siguen estando conservados, si Ítaca será vuelta visitar (sin la a) y si volverá a jurar alguna vez por la inconstante luna?
El futuro y, creo, presente libro ha cambiado de dirección, pero no de sentido y será la primera entrega de Cuerpos Divinos, aunque me apuro en humo.

¿Podrá usted decirnos cuáles son sus Tres Tristes Nobeles?
Los que nunca fueron premiados, que son más de tres pero comienza con dos marcas: Twain y Tolstoi. Pero, aparte de Chejov, el cuarto menguante habría rechazado el premio por no, según él, merecerlo. Se llama Franz Kafka. ¿Qué me dicen de Alfonso Guerra y Paz?

Usted, que fue testigo de una época dorada del cine, por qué no nos cuenta de sus preferencias en cine actual. ¿Le interesa el Movimiento Dogma, el cine asiático (el caso del iraní)?
Trato de ver las películas actuales antes de que se conviertan en estrenos futuros: The Matrix, Fight Club, Memento. Son, qué duda cabe, tiempos modernos.

Usted defendió en su momento la ópera prima de Julian Schnabel. ¿Le gustó la versión que hizo sobre la autobiografía de Reinaldo Arenas?
Es más hagiografía que biografía, pero es una historia ejemplar. Reinaldo, desde el más allá, ha abierto un boquete al epónimo Potemkin, acorazado escorado.

¿Ha pasado del cine o sardina al video en casa y salmón?
Sigo prefiriendo el cine a la sardina, pero, a veces, echo de menos el momento inicial de la primera preferencia. ¿Es esto un cuarto oscuro?

Usted, que tan bien conoció el Oficio del Siglo XX, ¿puede decirnos cuál es el del XXI?
Será sin duda el oficio del videotape, sin sexo pero con testimonio. Hay ya representantes de la cultura del video, en gentes, agentes como Tarantino, Robert Rodríguez.

Hay una nebulosa actual que envuelve al mercado editorial, escritores y editores, gustos prefabricados… ¿Qué le interesa de lo que se publica actualmente?
Hay algunos libros interesantes, no crea: En busca de Klingsor, Marius Serra y su Verbalia, que es la didáctica aplicada a la literatura, el Viaje literario por América Latina, de Francesco Varanini, que da su merecido a la crítica más complaciente y a la vez apuesta por la novela ocasional, no un libro cada año con formas como fórmulas.

¿Qué le Cabrera en la vida a Infante?
Menos cosas que antes. Es la vejez y ver convertidas las nieves de antaño en canas en las sienes, como las que parecían tan increíbles en Rock Hudson visto por Douglas Sirk. ¿O era Sirk Douglas?

Le adelantamos que El Espectador está planeando un concurso de epitafios. Aparecen personajes admirados por usted como Groucho Marx, autor del ingenioso ‘Disculpe que no me levante, señora’, y otros que no tanto como Saramago o Paulo Coelho, también han hecho los suyos. ¿Sería muy irreverente pedirle que nos construya uno?
Saramago se lo merece. Sobre todo como respuesta de una ministra de cultura española, que se preguntó: “¿Sara Mago? ¿Es una pintora o qué?”, que tiene su pendant en una respuesta doble dada por Stephen Spender y Graham Greene, casi a dúo, cuando el Sunday Telegraph les preguntó por su opinión sobre el último Nobel: “¿Quién es Celia?” (1) Sic transit Gloria mundi. ¿Es este un epitafio?

¿Por qué, exceptuando ahora algunos cuentos de Todo está hecho con espejos, nunca ha querido recrear los años “revolucionarios” de los que fue testigo?
Es mi manera de llevar el anillo del compromiso.

Su relación como guionista de cine parece haber cesado. Ni siquiera el hecho de ser tan reconocido lo ha salvado de que no haya podido filmarse su guión The lost city.
Esa pregunta me la hacen a menudo, pero la única respuesta posible es seguir escribiendo cine qua non.

En sus escritos demuestra una obsesión por las Lolitas, ¿también en su vida personal?
No me queda otro remedio que citar mi próximo título, La ninfa inconstante, so pena de ser una fábula.

Usted que ha tenido perros, cigüeñas del Caribe, chivas, cernícalos, gallinas… ¿en qué momento empieza a amar a los gatos?
Cuando apareció en nuestra vida, hace unos años, Offenbach. Ahora se repite este extraño fenómeno con Purdy, la gata venida de un callejón de Los Ángeles para convertirse en una teacher pet.

Usted, premonitoriamente, anunció la fama de personajes que en su momento no soñaban con serlo: Lezama Lima, Piñera, Guillén, hasta La Estrella de la cual ha indagado Almodóvar en sus visitas a La Habana. ¿Cómo ha tomado eso?
Es una cuestión de carácter, más que de caracteres. Lezama, por cierto, tiene la culpa, al convertirse de escritor preciado a escritor apreciado: con él comenzaron las parodias. La Estrella siempre llevó la música dentro. Es lo contrario de la propaganda. No esos segundos que no llegaban ni a terceros. (2)

¿Recuerda algunos ensayos locos suyos en el magazín Lunes de Revolución y en la revista Ciclón?
Hace poco, lectores persistentes me han hecho llegar un texto publicado en Ciclón que creía hecho in articulo mortis y no es más que otro epitalamio a Hemingway y su importancia, que es la impotencia de no llamarse Ernesto.

Se acabaron las preguntas y no hablamos ni de Castro ni de García Márquez…
Tiene razón. Podríamos haber hablado de Andy y no de mi mensaje a García.

¡Ah, pero son dos ustedes: yo creía que eran uno solo! Ya saben, como Ortega y Gasset.

(1). Se refiere a Camilo José Cela, premio Nobel.
(2). Alude al nonagenario Compay Segundo.

Cabreromanía (O una bibliografía de Cabrera Infante)
Así en la paz como en la guerra. La Habana, Ediciones R, 1960- Alfaguara Bolsillo, 1994.
Un oficio del siglo XX. La Habana, Ediciones R, 1962. Barcelona, Seix Barral, 1973.
Tres tristes tigres. Barcelona, Seix Barral, 1967. Biblioteca Ayacucho, 1990.
Vista del amanecer en el trópico. Barcelona, Seix Barral, 1974.
O. Barcelona, Seix Barral, 1975.
Exorcismos de esti(l)o. Barcelona, Seix Barral, 1976.
Arcadia todas las noches. Barcelona, Seix Barral, 1978. Alfaguara Bolsillo 1995.
La Habana para un infante difunto. Barcelona, Seix Barral, 1979. Reeditada por la misma editorial en 2000.
Holy Smoke. New York, Harper and Row y Faber and Faber, 1985. En español en Alfaguara, 2000.
Mea Cuba. Barcelona, Plaza & Janés- Camb16, 1992.
Delito por bailar el chachachá. Madrid, Alfaguara, 1995.
Ella cantaba boleros. Madrid, Alfaguara, 1996.
Cine o sardina. Madrid, Alfaguara, 1997.
El libro de las ciudades. Madrid, Alfaguara, 1999.
Todo está hecho con espejos. Madrid, Alfaguara 1999.

El primer libro
Esto no es un espejismo: es una joyita por la que cualquier coleccionista le daría… bueno, mejor no hablar de eso. Es la primera edición del primer libro de Guillermo Cabrera Infante, publicado por ediciones Erre en 1960. Así en la paz como en la guerra es la compilación de relatos del entonces muy joven escritor, intercalados por unas viñetas que intentaron retratar la etapa insurreccional.

Quiero más cine
“En mi pueblo, cuando éramos niños, mi madre nos preguntaba a mi hermano y a mí si preferíamos ir a cine o a comer, con una frase festiva: ‘¿cine o sardina?’ Nunca escogimos la sardina”. Con esa advertencia ya sabemos a qué atenernos en esta recopilación reciente de ensayos, comentarios, pequeñas historias sobre el cine recopiladas en Cine o sardina. Pinceladas variadas de cine.

El crítico Caín
Hubo en La Habana un crítico de cine muy famoso (y odioso) al que siempre le gustaba llevar la contraria. Se llamó G. Caín y publicó una página de cine muy comentada por muchos años en la revista Carteles.. Pues bien: ésta es la recopilación de críticas de cine hechas por Caín: para ver y sentir.

Letras del hastío
Curioso libro entre los publicados por Cabrera Infante este de Exorcismos de esti(l)o. Es algo para apreciar con los cinco sentidos. Escrito en una de las etapas más difíciles que vivió el escritor, esto es un “solle”: homenajes a las comas, culto a los diccionarios, un limpiabotas hablando de cine mientras trabaja, palíndromos varios.

Contar la historia
Una faceta no conocida suficientemente de nuestro escritor es la de analista político y también, en buena medida, la de biógrafo. Estos perfiles de Vidas para leerlas –parodia de Vidas paralelas, de Plutarco– traen de cuerpo entero al ajedrecista José Raúl Capablanca, a los escritores José Lezama Lima y Virgilio Piñera; Lino Novás Calvo y Lydia Cabrera, todos tratados personalmente por él.

La añorada Habana
Quizás sea este libro, La Habana para un infante difunto, publicado en su primera edición en 1979, uno de los más queridos por los lectores de Cabrera Infante. Y uno de los más divertidos también. Narrado en primera persona, con un héroe que hace recordar a un don Juan fallido y donde La Habana aparece reconstruida ladrillo por ladrillo, modismo por modismo y sonido por sonido.

Casi completos
Penúltimo libro del habanero- londinense,con una recopilación de cuentos que incluye desde los conocidos como Josefina, atiende a los señores, donde el escritor lleva hasta sus últimas posibilidades las maneras de hablar cubanas, hasta inéditos como Un día de furia, Mi personaje inolvidable, El fantasma del cine Essoldo y La soprano vienesa. Para los que habían extrañado al Cabrera Infante cuentista de los primeros años, anecdótico, con historias lineales, esta es la oportunidad de reencontrarse con el jovencito aquel, que trabajaba de noche y, a la vez, se las arreglaba para zurcir sus vivencias. La carátula es una obra de arte.

El territorio de Caín
Una vida hecha de golpes (destino y tambor); un constante juego de palabras, ironía y transgresión.
Cuenta la historia que el 22 de abril de 1929 nació en Gibara, pequeña ciudad en la costa norte de la provincia cubana de Oriente, Guillermo Cabrera Infante, el segundo hijo y primer varón de Guillermo Cabrera, periodista y tipógrafo, y Zoila Infante, una belleza comunista, inigualable, incomparable.
Refiere, también, que a los 29 días de nacido fue, por primera vez, al cine con su madre, a ver Los cuatro jinetes del Apocalipsis, y que desde esa tierna edad hasta la fecha el virus del cuarto oscuro y las películas no se le ha despegado.
Con cuatro años –él mismo lo ha contado– se enseñó a leer, al concentrarse en descifrar los cautivantes globos de tiras cómicas como Dick Tracy y Tarzán.
En 1941, después de una época de lidia con la miseria, su familia –el padre había marchado antes, en busca de trabajo– emigró a La Habana. Allí comenzaría el descubrimiento de una ciudad que Cabrera Infante ha descrito como nadie, como Dublín para James Joyce.
En 1943, empezó su bachillerato. Coexisten en él un buen estudiante haragán con un fanático, pero mal jugador de pelota (béisbol). Comenzó su afición por las revistas americanas, por el inglés. Se volvió un lector ávido.
En 1947, publicó su primer cuento en la revista Bohemia, muy influyente en esos años. También en ese año visitó, por primera vez (lean La Habana para un Infante difunto), un burdel, y empezó a usar espejuelos.
En 1950, ingresó en la Escuela Nacional de Periodismo; trabajó como investigador de encuestas, traductor, sereno. Un año después, la familia dejó el cuarto en La Habana para mudarse a un apartamento en el barrio Vedado.
1952 lo sorprendió con dos hechos ingratos: el segundo golpe de estado del dictador Fulgencio Batista y el encarcelamiento por publicar un cuento en la revista Bohemia que tenía malas palabras en inglés (Balada de plomo y yerro). Es forzado, es forzado, a dejar la Escuela de Periodismo por dos años.
La serie de originales críticas cinematográficas que tan querido y odiado lo hicieron, con el seudónimo de G. Caín, empezaron a aparecer en 1954, en la revista Carteles. Nació su primera hija, Ana. La segunda, Carola, nació en 1958. Ese mismo año conoció a la entonces joven actriz Miriam Gómez, que un tiempo después se convertiría en su compañera de toda la vida.
Llegó 1959, y con él comenzó el gobierno de Fidel Castro y los rebeldes de la Sierra Maestra. Fue jefe del Consejo Nacional de Cultura y ejecutivo del recién creado Instituto del Cine. Su carácter independiente y controversial le empezaron a causar problemas con los dirigentes.
En 1961, ocurrió el tan mentado veto con el documental de Free cinema, P.M., filmado por su hermano Sabá Cabrera, y que celebraba la vida nocturna de La Habana en 1960.
En 1962, fue enviado como agregado cultural a Bélgica. En 1965, luego de un breve regreso a los funerales de su madre, se marchó definitivamente de Cuba con sus dos hijas, unos pocos manuscritos y tres fotos.
A partir de ahí, todo es historia. Premios internacionales, libros y más libros, guiones de cine, conferencias, ataques de Toda la Izquierda Unía, etapa de depresión síquica, artículos políticos. Todo un largo camino hasta llegar, en 1997, al territorio de La Mancha: el premio Cervantes.